EL HOBBIT:UN VIAJE INESPERADO
Una secuencia resume el corazón de El señor de los anillos, cuando el hobbit Frodo le dice a Gandalf: “Quisiera que el anillo nunca hubiese llegado a mí, quisiera que nada de esto hubiese ocurrido”. A lo que el mago responde: “Como todos los que vivimos estos tiempos. Pero no somos nosotros quienes podemos decidir. Solo podemos decidir qué hacer con el tiempo que nos ha tocado vivir”. El relato de Tolkien llevado al cine por Peter Jackson trata ante todo de eso: la historia de un tipo normal, si se puede considerar normal a un hobbit, que se topa con un destino extraordinario. No es como los héroes homéricos, conscientes de que están destinados a hacer cosas fuera de lo común mientras se codean con los dioses; sino un personaje mucho más moderno.
Críticas: Lo malo de la película es que a quien no le gusta la aventura no le gusta la película y lo bueno
de la película es el final, deja intriga de como se va a desarrollar la siguiente película.
Polémicas
Para entender este hiperbólico retorno aventurero al universo de El Señor de los Anillos hay que ir a otro territorio mítico: el del King Kongque Peter Jackson dirigió en 2005. Aquel (incomprendido) remake era algo más que una nueva versión: era el film clásico de la RKO ampliado desde la obsesión de un fan total. El Hobbit es, de nuevo, La Comunidad del Anillo (2001), pero superpuesta, de una manera megalómana, al relato más ligero que Tolkien escribiera sobre Bilbo Bolsón y los 13 enanos. El resultado no sólo es muchísimo más espectacular, sino que el déjà vu acaba provocando una extraña sensación en quienes no acabamos de disfrutar de la trilogía anterior: la de, por fin, entender la vertiente lúdica, no tan grandilocuente, de la historia. Porque el mayor acierto de una película dilatada en su locura visual (entre Terry Gilliam y Raoul Walsh) es hallar ese tono ligero de gran entretenimiento. Sus escenas de escatología y violencia humorísticas conviven con otras clásicas (el duelo de acertijos con Gollum) y loas al heroísmo dignas del escritor George MacDonald Fraser.
Polémicas
Para entender este hiperbólico retorno aventurero al universo de El Señor de los Anillos hay que ir a otro territorio mítico: el del King Kongque Peter Jackson dirigió en 2005. Aquel (incomprendido) remake era algo más que una nueva versión: era el film clásico de la RKO ampliado desde la obsesión de un fan total. El Hobbit es, de nuevo, La Comunidad del Anillo (2001), pero superpuesta, de una manera megalómana, al relato más ligero que Tolkien escribiera sobre Bilbo Bolsón y los 13 enanos. El resultado no sólo es muchísimo más espectacular, sino que el déjà vu acaba provocando una extraña sensación en quienes no acabamos de disfrutar de la trilogía anterior: la de, por fin, entender la vertiente lúdica, no tan grandilocuente, de la historia. Porque el mayor acierto de una película dilatada en su locura visual (entre Terry Gilliam y Raoul Walsh) es hallar ese tono ligero de gran entretenimiento. Sus escenas de escatología y violencia humorísticas conviven con otras clásicas (el duelo de acertijos con Gollum) y loas al heroísmo dignas del escritor George MacDonald Fraser.
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